García Cuerva dijo que no lo hacía por «oportunismo político», sino imitando el gesto amoroso de Jesús en la Última Cena. A la vez que abogó para que se pague «una jubilación digna». Fue en una populosa parroquia de la ciudad.
Fuerte gesto de la Iglesia: el arzobispo porteño le lavó los pies a doce jubilados
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